Enseñar a pensar, como reto para un centro educativo

Me gusta mucho el planteamiento que se hace desde la Red Española de Filosofía reivindicando el papel de las asignaturas de Filosofía en la educación secundaria. Creo que coincido en los aspectos más importantes, aunque hay algunas cuestiones que revisaría; pero no es eso lo que quiero destacar ahora.
Lógicamente, tengo mi preocupación como profesor; pero no tanto por el peso específico que tendría la asignatura en los planes de estudio y el consiguiente impacto en los especialistas de la materia, como por lo que la propuesta que figura en el borrador de la LOMCE deparará a generaciones de alumnos que podrían no tener una formación adecuada en esta disciplina.
En ese documento, la REF pone énfasis en las características diferenciadoras de la Filosofía que le hacen el lugar idóneo para enseñar a los alumnos a ejercer el pensamiento crítico. Sin embargo, la perspectiva que quisiera abordar ahora es la que se puede afrontar como centro educativo. Una labor tan importante como la de educar en la reflexión crítica y en la fundamentación racional del comportamiento humano no debería circunscribirse al ámbito exclusivo de una disciplina académica, ni siquiera sólo a la labor que se realiza entre las paredes de un aula.
El pensamiento crítico (digamos el pensamiento, pues hablar de pensamiento crítico no deja de ser una redundancia) es una construcción de la comunidad. No hay forma de practicarlo aislado y ajeno a los constructos sociales, sino que se hace a través del diálogo. Y si esto es así, ¿será posible una forma de organización del centro educativo que promueva este ejercicio de una manera más adecuada que otras formas posibles de organización?

Como estoy convencido de que sí, someto a vuestra consideración estas líneas de actuación que, a mi juicio, habría que promover para desarrollar un centro educativo “inteligente”:

Interdisciplinariedad:

Los departamentos, los ciclos o las etapas no pueden ser compartimentos estancos sin relación entre sí; al contrario, en un panorama científico y humanístico donde todos los objetos de estudio son abordados por diferentes especialidades, un centro tiene que generar proyectos en los que se impliquen profesores y alumnos desde diversas disciplinas.

Interdependencia, compromiso pedagógico:

Como los objetivos tiene que ser comunes, los métodos han de tener también algún punto de unión, por mucho que haya que respetar las peculiaridades de cada materia. Por eso es imprescindible que se alcancen compromisos pedagógicos que debe asumir el claustro de profesores. A continuación se muestran algunos que tendrían que ser aceptados para todos los departamentos y en todos los niveles:

  • trabajar para que alumnos y profesores apliquen en todas sus actuaciones el ciclo de Deming (PDCA) de mejora continua.
  • Plantear que los alumnos en sus actividades trabajen al menos en tres niveles distintos de complejidad intelectual: la descripción, la argumentación y la valoración.
  • Aportar a los alumnos criterios de funcionamiento y herramientas útiles para las distintas fases de los procesos intelectuales: captación de los datos, elaboración de los mismos, y expresión de resultados.
  • Fomentar el trabajo en equipo y cooperativo.
  • Facilitar situaciones en las que los alumnos se expresen en todas sus dimensiones: intelectual, afectiva, motórica, relacional.

Intercomunicación:

El flujo de comunicación entre todos los sectores de la comunidad educativa es muy importante, y para potenciarlo al máximo, el uso de las tecnologías de la información es indispensable. Utilidades como páginas web, foros, redes sociales deben potenciarse. Hay que confiar en que son una solución, más que un problema.

Individualización e identidad propia:

Cada centro debe tener sus señas de identidad propias; y lo que es más importante, cada alumno tiene que encontrar oportunidades para expresar lo genuino de sí, lo que le caracteriza y diferencia de los demás, por lo que tiene derecho a desarrollar su creatividad, su estima propia, su sello diferenciador, su proyecto de vida.

Integración con el medio:

Los centros tiene que estar abiertos al medio social y al entorno ambiental en el que están ubicados. Sólo así se puede fomentar que cada alumno tenga la posibilidad de contextualizar su desarrollo en entornos cada vez más amplios: su familia, el centro, la localidad, el país, el planeta…

Ilustración:

El gran proyecto ilustrado fue el desarrollo del conocimiento para la libertad. El mayor signo de inteligencia es descubrir cuáles son las cadenas que nos mantienen en la ignorancia y encontrar los medios para alcanzar la felicidad a la que aspiramos. El conocimiento en un centro educativo no tiene que estar basado en la acumulación de datos desconectados, sino en el descubrimiento de oportunidades para la creación de las respuestas que el entorno necesita.

Innovación y experimentación:

Las respuestas que damos a los estímulos que nos rodean nunca tienen un valor definitivo y eterno. Los mejores métodos que hayamos utilizado para nuestra práctica educativa tiene que ser actualizados para las nuevas realidades. Por buenos que sean los resultados que pueda acreditar un centro, siempre hay ámbitos para la mejora. En consecuencia, la innovación y la experimentación con fórmulas diferentes, siempre que estén afianzadas en la experiencia y en la racionalidad,  tienen que ser parte de la cultura del centro educativo.

Estas siete propuestas, que curiosamente todas empiezan por “I”, caracterizarían un centro educativo “I”nteligente. Tendremos más ocasiones en lo sucesivo para desarrollar las implicaciones prácticas que tiene cada una de ellas.

Ideas para recordar de Descartes después de haberle olvidado (2)

Descartes 2El pasaje en el que Descartes muestra el código moral que tiene que asumir provisionalmente mientras dura su rigurosa y metódica investigación no es de los más conocidos de su obra, pero a mí siempre me ha resultado conmovedor.

De alguna manera, Descartes reconoce que las decisiones que es preciso tomar en la vida diaria no pueden esperar a que uno tenga perfectamente diseñado un edificio conceptual que las justifique racionalmente. La vida nos urge a resolver y no siempre nos encuentra preparados.

Lo que me conmueve es precisamente esa conciencia cartesiana de la precariedad del ser humano que, a pesar de disponer de una racionalidad que sueña con dominar el mundo, siempre le resulta insuficiente porque la realidad se muestra abrumadoramente indomable.

Por eso Descartes, a la hora de decidir el alcance del éxito de su empresa se remite a aquello que está en sus manos: sus deseos y sus pensamientos.

Mi tercera máxima fue procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna, y alterar mis deseos antes que el orden del mundo, y generalmente acostumbrarme a creer que nada hay que esté enteramente en nuestro poder sino nuestros propios pensamientos, de suerte que después de haber obrado lo mejor que hemos podido, en lo tocante a las cosas exteriores, todo lo que falla en el éxito es para nosotros absolutamente imposible.

Lejos de ver en estas palabras un rasgo de pesimismo, prefiero subrayar el mensaje más positivo: nuestros pensamientos sí están enteramente en nuestro poder; y, si no puedo cambiar el mundo, al menos sí me puedo cambiar a mí mismo. Descartes dio en su vida ejemplo de ello, ya que ni su pertinaz mala salud, ni las guerras en las que se vio involucrado, ni las adversidades que le rodearon, le hicieron desfallecer en su esfuerzo de dar razón del universo.

Probablemente no le eran ajenas las primeras palabras del Enquiridion de Epicteto, el estoico del primer siglo de nuestra era:

De lo que existe, unas cosas dependen de nosotros, otras no. De nosotros dependen juicio, impulso, deseo, aversion y, en una palabra, cuantas son nuestras propias acciones; mientras que no dependen de nosotros el cuerpo, la riqueza, honras, puestos de mando y, en una palabra, todo cuanto no son nuestras propias acciones“.

Ideas para recordar de Descartes después de haberle olvidado

DescartesReconozco que sería una osadía pretender volcar en un solo post varias ideas por las que Descartes merezca la atención de cualquiera. No hace falta decir que se podrían llenar varios libros (ojalá yo fuera capaz de ello); pero aquí lo que me interesa es destacar algunas cosas que me gustaría que mis alumnos recordaran de Descartes cuando ya para ellos no sea motivo de estudio. Me resisto a creer que pueda pasar por sus vidas sin pena ni gloria y siendo para ellos únicamente una voz del pasado que se puede convertir en una pesadilla antes de sus exámenes.

 

  • Hay que rechazar como absolutamente falso todo aquello en que pudiera imaginar la menor duda”.

Tal vez yo no lo expresaría ahora de una manera tan maximalista; entre otras cosas, porque la palabra “absolutamente” siempre me produce un cierto escalofrío, y porque lo que realmente dudo es que haya algo “absolutamente cierto o verdadero”, que parece que es lo que perseguía casi obsesivamente Descartes detrás de esa afirmación.

Pero sí me parece un ejercicio muy necesario, y cada vez menos perentorio para muchos de nosotros, que pongamos en tela de juicio incluso aquellas opiniones o creencias que siempre hemos considerado incuestionables. Algunos parecen encontrarse más confortables en el ámbito de las seguridades, pero mantenerse en ellas de una manera acrítica puede servir para cerrar los ojos ante la realidad, más que para abrirse a toda la riqueza que ella nos pueda deparar. Si las ideas que poseemos acaban poseyéndonos, flaco favor nos hacen y las hacemos. Cada uno de nosotros necesita actualizar permanentemente sus convicciones, sus principios, sus propuestas; y, con ellas, actualizarse a sí mismo.

Puede dar un poco de vértigo manejarse en la incertidumbre; pero la única forma de escapar de ella es dar la espalda a la realidad, porque si ésta se caracteriza por algo, es por su transformación permanente, y por poner en riesgo todas nuestras seguridades.

Un estudiante, de filosofía o de lo que sea, hará bien en examinar cuáles son sus puntos de apoyo ideológicos, religiosos, políticos o morales,para que, una vez reconocidos, cosa que no siempre es fácil, pueda considerarlos con una actitud cariñosamente crítica.